Aprendiendo a sonreir
Hace meses empecé a descubrir esta maravillosa ciudad que me tiene fascinada: La Ciudad de Los Angeles. Pero no me refiero a la que está ubicada en ese país grande al norte del nuestro, sino a la que está en el sureste asiático, en La Tierra de las Sonrisas: Tailandia. La Ciudad de los Angeles es Bangkok, aunque después de nueve meses de vivir acá no entiendo porqué tiene este nombre aparte de ser la traducción del nombre en tailandés (Krung Thep).
Lo que sí me queda completamente claro y a cualquier persona que visite Tailandia, es por qué la llaman La Tierra de Las Sonrisas: generalmente (mentiría si digo “siempre”) la gente está sonriendo y no sólo cuando se dirigen a algún extranjero, sino entre ellos mismos. Se siente una amabilidad y solidaridad permanente en el aire (no estoy hablando de la polución, es otro tipo de aire). Los tailandeses sonríen casi en cualquier circunstancia: el vendedor ambulante sonríe cuando me está atendiendo, hablándome en Tailandés, pero tratando de explicarme con señas o como sea necesario los precios; sonríe el que cede el puesto cuando alguien sube al metro con un niño; los niños sonríen al ver un farang (extranjero) tratando de tomarles fotos. También sonríen cuando se les está preguntando algo y no entienden ni una palabra de lo que uno ha dicho. Sonríen todas las niñas que forman parte del amplio negocio sexual en la ciudad cuando ven a una farang (extranjera) entrando a curiosear en estos bares. La mesera del restaurante sonríe cuando estoy haciendo mi mayor esfuerzo para ordenar en tailandés y ella no entiende ni una palabra de lo que yo le digo.
Aunque las sonrisas tailandesas no siempre resultan placenteras para el visitante: el taxista no para de sonreir cuando estoy enojada tratando de reclamarle porque tomó el camino más largo. Llega un punto en el que resulta inútil enojarse porque parece que ellos nunca lo hacen, en cualquier circunstancia se siguen viendo igual de tranquilos... y sonríen. Y así tal vez logran lo que quieren: evitar cualquier confrontación y “desarmar” al que está en frente. Dicen que este comportamiento está fuertemente ligado a sus creencias y su cultura.
Bangkok es una ciudad grande y moderna, pero no pierde la belleza de una ciudad en vía de desarrollo, con todos sus mercados callejeros, vendedores ambulantes, elefantes en la calle (por razones turísticas) y tranquilidad en su gente y aunque de alguna forma es un caos, la mayoría de visitantes quieren quedarse por un periodo más largo que el que inicialmente planearon. Yo vine por tres meses, llevo nueve y aún siento que hay muchísimo por descubrir.
2 Comentarios a Aprendiendo a sonreir
2. Por Pattoncito - MIÉ 20 SEP 2006 03:15 PM.Vote a favor o en contra de este comentario [ 0 votos ] ruby!!!!!!!! Que sorpresa. No te digo quien soy, porque se supone que algunos blogs están cubiertos por el manto del anonimato, por razones prácticas. Obviamente no es tu caso, pero sí el mío, entenderás cuando me leas. Igual, después de leerme deducirás fácilmente quien soy (y mantendrás el secreto), una pista: es por el lado de @JA. Sabía que te habías casado, que te habías ido del país ,... pero no sabía que tan lejos!!!
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1. Por sicoactiva - VIE 28 JUL 2006 05:37 PM.Vote a favor o en contra de este comentario [ 0 votos ] Deberías traerte un poco de ese síndrome de la sonrisa a Bogotá, que de las ciudades de Colombia, pareciera a veces ser la más antipática.
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